Imaginaciones

Cuando tu rutina es la felicidad es más fácil sonreírle a la mala suerte.
Una noche fría, una película triste. Un sofá incómodo, unas manos alegres. Una caricia traviesa, un desliz por el cuello, un abrazo de labios. Dos miradas que se besan, dos bocas que se versan, dos latidos que se encuentran. Suenan las doce, media noche y perdido en tu cuerpo, da más vértigo que miedo, como la primera vez que te pones a cien en un coche con el freno de mano echado. La torpeza del camino hasta la cama como un baile de novatos. El empujón sin oposición, la única caída de la que no quieres levantarte. La paz de tus colmillos, la guerra de debajo de tu ombligo. La delicada belleza y el orgullo del amor que ceden en un gemido. La reina que se desmorona como en el soplido a un castillo de naipes. La música acompaña cada noche cuando te tocan como una orquesta y no quieres perderte el concierto. Esa melodía está impresa en mi piel, y ya conozco cómo pueden matarme, que no es más que otra forma de ser fuerte.
Escribir es ir más allá, es lo que te imaginas, como que todo esto es lo que aún no he podido olvidar.

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