… y mañana

Desde ayer los días que llevo sin ti superan a los que pasé a tu lado. Y si algo puedo escribir, hoy que no quiero hablar, es que no han sido suficientes. Aún así, me gusta esconderme aquí, para seguir sintiéndote sin tocarte, para dibujarte en palabras que no volveré a pronunciar. Contigo ganar supuso estar perdido. Recuerdo andar por tus miedos con la misma delicadeza con la que tus dudas decidieron escribir la despedida. Nunca he sabido controlarme cuando todo empieza a no tener sentido, ni he sido el mismo después de haber jugado al tijera, papel y corazón. Lo único que odio de ti es tu mudanza incompleta, el abrazo a medias, el último beso apagado. Ahora el calendario no entiende de amenzas y ha acelerado como lo hicieron mis latidos cuando te dejaron de importar las huellas que echabámos de menos. Tengo grabado en mi piel la primera vez que entendí lo que tus ojos tristes me contaron. Y lo he memorizado porque tardé demasiado tiempo en comprender que no sólo era tu historia sino una advertencia. El mapa de mi vida contiene tu leyenda, hay caminos que llevan tu nombre que cuentan a que huele el miedo si le miras a los ojos. Y yo sólo quiero cerrar los míos, y que al volverlos abrir alguien me descubra nuevos horizontes.

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