Llegar

Deja que te cuente el secreto de cómo se encuentra sin buscar.
Abre los ojos.
(Fin.)
Hubo una vez que volé tan alto que me ahogué. Y cuando tuve los pies en el suelo no miré al cielo ni pensé en regresar, sino en respirar. Lo primero que quise fue no volver a a sentir como la taquicardía de un tenemos que hablar a deshora. Pero uno, como la respuestas a un exámen, siempre se da cuenta de las cosas importantes tarde. Porque después de esa vez, no hubo tiempo a entierros ni a reunir tristes margaritas deshojadas. Apareció alguien que nunca acabó de llegar, porque siempre había estado allí. He venido para quedarme me dijo su sonrisa. A girarte el rumbo, a cambiarte el mundo me confesaron sus colmillos. Y a mí, que como a cualquier kamikaze, no me hace falta pedir permiso si me convencen unas manos que me llenan de vida los ojos. Construímos la casa por el tejado porque sólo queríamos vivir en la azotea y caminar entre las nubes. La verdad es que el cielo se disfruta más aquí, aunque ya no hay vértigo que te erice la piel. Pero supongo que quererse lento es de cobardes si lo valiente es pasearse por cada boca que promete un beso envenenado. Y ahora ya no sé qué me da más miedo, que vuelvan a dispararme por la espalda o que me haga cosquillas la herida que esconde la bala.

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