Ella

Ella era el sueño del que no duerme. Un ruido pasado media noche, un temblor convertido en caricia. No sabe que ha inspirado tantos poemas como poetas ha matado.
La primera vez que la vi andaba con prisas por sentir, contando historias tristes, callando que era la protagonista de cada una de ellas. Cuando la conocí se estaba despidiendo, y empecé a escribir cuando lo entendí. Escribo por todas las veces que nos dejamos sin palabras. Por todas y cada una de esas que no llegamos a decir. Podía imaginarme cualquier futuro, pero nunca pensé que ella seguiría escribiendo el punto final a cada unos de los capítulos que ya no escribiría a su lado. Supongo que no todo termina cuando llega el adiós. El camino después de las despedidas sabe a recuerdos y huele a pasado. Y es cuando nos escondemos, que nos pintamos la careta, para poder esconder nuestra realidad. Y que no sepan, que como la fruta, a veces maduramos tan mal que lo sano es no seguir con lo bueno. He aprendido que el tiempo juega con los recuerdos y que dolerse no está tan mal si florecen flores por tu lágrimas. Me gustaría ser un traficante de sueños, contar todos los besos robados de bocas que se quedaron tan mudas como mis labios con su adiós.

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