Paris y Roma

Apareciste, y acabaste siendo como Roma, no sólo porque estabas en ruinas y eras preciosa. Sino porque todos mis caminos me llevan hasta ti.
Después de ti, hubo tiempo para mí, para pasearme por otros labios y conocer otras cicatrices. Aunque no he conocido paraíso más dulce que el sabor de tu beso de buenas noches. Y eso aún me tiene hasta los huesos. La vida nos da más de una oportunidad, sólo que en diferentes estaciones. Pero tú quieres ese tren, porque por lo que más duele más sientes. Y eso nos lleva a tener cicatrices perfectas, rondando el pecho. Que escondes, no vaya a ser que sepan que te gustan por igual los precipicios como ese primer beso a quemaropa. Hay personas que siempre dejan algo de ellos dentro de ti, y aún las sientes. Como ese secreto inconfesable en tu diario, de esa página impar con la esquina doblada. Lo bueno, que no es acabar con lo malo, es estar mejor cuando toca estar bien.
Desapareciste, y empezaste a ser como Paris, no sólo porque contigo todo era amor en la ciudad de la luz. Sino porque volvería a recorrer todas tus calles aun sabiendo el final de todas ellas.

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Un comentario sobre “Paris y Roma

  1. Del viaje de tren de vuelta, lo que más nos gusta es el viaje y las ganas del destino. Si madrugas, la esperanza de un nuevo día en tu hogar. Si trasnochas, la del descanso.
    Pero al final, el amor es el viaje. Y la amada, el final de tu trayecto. El lugar en el que quieres parar.

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