De primeras oportunidades

Me enamoré de las segundas oportunidades, aprendiendo que la valentía es cargar con la puerta abierta. Los principios deberían durar para siempre, aunque quizá, el error es acostumbrarnos a algo extraordinario. Restando valor a lo que tenemos por no ser esa novedad de cuando lo tuvimos. Perdemos cuando nos quedamos con algo que decir, sin entender que las balas del silencio duelen más por lo que quieren que por lo que dicen. Somos todos esos momentos a los que queremos regresar. Cometí el error de esperar, de encariñarme con el tiempo, de querer entender a la lluvia sin mojarme. Nadie te enseña cómo despedirte, a dejar atrás a la mejor parte de ti que prefiere quedarse allí. Estoy tan confuso que estoy escribiendo una carta de despedida sin querer irme. Quizá porque no conozco otra forma de querer que la de ir con todo, siempre había olvidado huyendo. Encontrándome fantasmas en cada esquina, bailando en otras manos con la música que me pisó los sueños. Está siendo una primera vez para todo, y va a coincidir con el final. Cerrar puertas que quieres abiertas es como sonreír para que se rompan tus miedos. No te enamores de las segundas oportunidades, los principios vuelven en otras manos y sus primeras veces.

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