De meses y carencias

Se nos escapa otro abril de las manos, por firmar la paz y no morir besando. Aquí sólo queda el aroma de lo que un día fue el perfume de nuestras mañanas. Ya hemos cambiado de estación, aunque yo siga pensando en tu tren. Ahora tengo más ojeras, y miedo a querer; a abrazar después de, a besar futuros con, a ser cómplice de la magia que se esconde en las miradas de los valientes. Los silencios conmigo suenan a ti. Quizá no quisiste dejar huella en ese rincón de mí que no olvida porque quiere. Pero la casualidad se puso romántica aquel otoño y al verte de frente ya dabas el perfil; de tumbar todos mis escudos, de que quisiera bailar en el acantilado de tu sonrisa. Fuimos resolviendo todas las preguntas que nos propuso la vida. Hasta llegar a la duda de si querernos merecía la pena, de si nos queríamos tanto como para dar eso que nunca recuperamos. Y nuestro camino terminó ahí, en un paisaje tan bonito sin salida para dos. Me gustaría esconder lo que siento por ti, tachar todas esas líneas que llevan tus curvas. Pero quiero tanto las palabras por tu boca, como odio la duda entre mis labios.

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