Sobran las palabras

Me encantaría decirte que te dije que nos íbamos a querer tanto que acabaríamos rotos. Me encantaría decirte que me olvidé de ti al primer amanecer. Me encantaría decirte que he olvidado los cuatro lunares de tu espalda. Me encantaría decirte que todo va bien. Que hay atardeceres compartidos y mensajes con remitente. Y, de verdad, te lo digo. Me encantaría. Pero no es así. Y ya no hay tiempo para el último baile, porque matamos al pianista. De tocar. De tocarnos. Todo y tanto. Porque no hubo un segundo de libertad controlada. No llegamos a pensarnos. Sólo sentirnos. Que el tiempo se nos escapaba entre los dedos cuando nuestros labios se encontraban. Que tus ojos me hablaban como si yo escuchara el idioma de tus miradas. Que mis noches tenían sentido cuando tú apagabas la luz. Que había caricias que tocaban el alma y abrazos que las intercambiaban. Que volar estaba sobrevalorado debajo de tus sabanas. Que no había mejor despertar, que verte. Verte dormida. Abrir los ojos, y sonreír como si supieras que todo iba a salir bien. Por eso no te dije nada. Por no romper lo que ya estaba roto.

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17 comentarios sobre “Sobran las palabras

  1. Hay que guardar los buenos momentos, las emociones que nos llenaban en instantes que creíamos únicos y puros, como si nada pudieran resquebrajarlos, pero al final sucede y es cuando hay que guardarlos conservando el sabor de ese momento para cuando la nostalgia nos asalte poder alimentarnos y continuar, así sin más, llenos de tiritas pero sin descanso.

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