Amor

Amor. Hay días que todo sale bien. A pedir de (su) boca. Crees que al mundo le han subido el brillo, pero son tus ojos que sienten más allá de lo que ven.
Caminas de su mano, y vuelas con los pies en el suelo.
Los escaparates te sonríen, porque sí. Y te queda mejor la ropa a ti que al maniquí. En esos días llueve sin venir a cuento, y aprovechas para sentir el agua en sus labios. Y al arcoiris le falta el color de tus ojos y le sobra el color de los suyos. No hay momento para mirar la hora, pero el tiempo parece correr más de lo normal. Y eso ocurre, porque a su lado cada segundo vale el doble. Atardece tan bonito que la luna se resiste a salir. Pero al final sale, y os acompaña hasta su portal. Y tardas tanto en despedirte que te quedas a cenar. Coqueteas con su mano debajo de la mesa. Como si no hubiera noche para sentir sus dedos. Te estiras en su cama y su perfume te invade tus pulmones. Y su risa te llena la sonrisa. Suena vuestra canción en sus brazos, y los corazones bailan. Mientras lentamente desaparece la ropa, y aperecen las ganas de ser uno. Caen los párpados con el último beso. Y la tranquilidad que mañana al abrir los ojos, esa peca seguirá estando al sur de su boca, y al norte de tu vida.
No hay días así si no estamos juntos, Amor.
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