Para qué olvidar

Si supiera la verdad que se esconde en mis silencios no tendría porque seguir fingiendo que no la quiero. Pero por suerte aún no se escuchan. Aunque en mi interior resuenan con su voz. Y no pare de escuchar su nombre. De su boca. Eso es el frío, por mucho enero que hiele. Todo sería más fácil si me atreviese a decirle lo que llevo dentro. No desde su adiós maquillado de hasta luego. Sino desde el primer momento en que nuestros ojos se cruzaron. Y los dos pares lo supieron. Como saben las olas que romperán en la orilla. Aún huele a verano en mis parpados. Y no deja de llover en mis ojos. Si la manera de avanzar es olvidar, yo me quedo aquí. Enamorado de una estrella fugaz vestida de largo. De esas que pasan cuando cuando menos te lo esperas y más lo deseas. No olvidaré su perezoso buenos días entre los primeros rayos, de sol, porque la luz era ella. No olvidaré que sus abrazos más que rodearte, salvan. No olvidaré que sus besos te quitan el aire y te dan la vida. No olvidaré que me hubiera perdido entre su sonrisa toda la noche, de todas las noches de los meses que llevaran vocal. Y que me summergía en su risa y aparecía en la isla de su ombligo de su mano. Y sabéis qué, aunque decidiese olvidar, no podría. El corazón tiene memoria y esta lleno de marcas. Y el mío lleva su firma en cada latido.

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