Hasta el cuello

Hoy me han pedido que escriba menos sobre ti. Evidentemente, no te conocen. Si lo hicieran sabrían que es como contar hasta diez sin pasar por el tres. Inevitable. Si supieran que no era fácil enamorarme de ti sino que era dificil no hacerlo… Entenderían el nudo en la garganta. Ese que anda a medias entre mi voz y mi pecho. Y hace que dude entre hablar o latir. Aunque quizá anden equivocados. Yo no escribo sobre ti. Escribo sobre nosotros y lo que queda de mí. El único placer de desandar lo andando es tenerte otra vez de mi mano. Como si nada hubiese ocurrido. Como si aún nos buscasemos los lunares y nos encontraramos a oscuras. Me quedé con mil historias que contarte. Con ganas de quitarte el disfraz de primer amor. Ahora todo son hojas en blanco. Y yo sigo pensando en tu letra en mi espalda. Esquivando otras tintas. Porque yo quiero tus tildes. Como se quieren los espejos cuando estas delante de ellos. Antes de acabar hay algo que deberías saber. Hay un lado frío en mi cama. Un jersey gris. Una pulsera sin nudo. Una moneda sueca. Que no se creen que yo hoy, sólo esté escribiendo sobre nosotros. Como si una grapadora fuese suficiente para juntar todas las hojas. Como si unas hojas fuesen suficientes para deshacer el nudo de mi garganta. La verdad, es que lo hicimos todo tan bonito, que nos quedó bien hasta quedarnos en ruinas después de habernos visto desnudos por dentro. Y ya por no perdernos otras cosas, decidimos perdernos a nosotros.

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