Un recuerdo en el olvido

Cada vez que creo olvidarte, te recuerdo. Te recuerdo de todas las formas que apareciste por mi espalda. Y de la vez que me giré porque ya no estabas. Algo en mi cambió por ti. Y no me arrepiento de lo jugado, aunque este perdido. Puede que el cielo no brille desde entonces y me estrelle en tu recuerdo cada noche fingiendo olvidarte. Que el destino no te lleve por el mismo camino que me ha llevado a mí. Aún espero que el terminar de este desierto sea tu oasis. Y me esperes con la sonrisa y las ganas de bailar. De recorrer a nado todas las playas, que llevan meses esperando a romper olas desde que rompimos. De volar por todas las corrientes de aire, que yacen varadas, desde que nuestras manos corrientes se electrocutaron. De reír abrazados hasta arrugarnos. De morder, a besos, todas las partes de nuestro cuerpo que nos echan de menos. De desafiar al cielo y reírnos del infierno. De jugar a tocarnos nuestras intimidades, que son públicas desde que se abandonaron al ser intocables por nosotros. De contemplar todas las nubes que arrojan agua desde que no lloramos de felicidad. Tú eres la luz, que viajó a la velocidad del sonido por mi corazón al compás de una risa que volvió a sonreír. Creer en un oasis es como besarte en sueños. Llegarán cada noche de la mano de las estrellas, pero no dejarán huella. Si pudiera olvidarte, dejaría de recordarte. Prefiero una cicatriz con historia. Prefiero unos labios con memoria. Me quedo con todo, aunque sea sin ti.

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