Por los besos muere el pez

No todo fue por sus labios. Aunque nada hubiera sucedido sin ellos. Recuerdo la última vez que nos besamos… como si las cosas no fueran al caos por si solas. Sólo yo intuí que había acabado, que era la última vez. Quizá porque ella ya lo sabía. Desde entonces soy bueno. Y miro antes de cruzar la calle con miedo a caer entre las rayas blancas de su olvido. Las segundas oportunidades son verdades bien vestidas de mentiras. Por eso no vuelvo a la zona cero, aunque me dé mil vueltas cada noche.

Y es que desde el primer segundo supe que ese vuelo iba a doler. Desde la primera vez que me agarró la mano. La seguí. Me encontré con sus abrazos. Y me perdí el paisaje. El amor, al contrario que en la guerra, lo cuentan los vencidos. Ahora tengo su adiós en forma de cicatriz en mi pecho. El corazón con ganas de latir. Y mis ganas en parada cardíaca. Echo de menos la taquicardia a la altura de sus ojos. Esa mirada que guardaba secretos. Puede que todo sea mejor así, por si lo que persiguiera estuviese escapando de lo que estoy anotando.

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