Abierto por reformas

Qué facil es soñarte. Sentir tus besos después de todo es como ese olor a mojado después de la tormenta. Aún tengo húmedo el pecho. Pero por mi, cada noche cuando cierro los ojos podría reventar el cielo. Que tú y yo seguiriamos a lo nuestro. Callándonos a besos. Matándonos a sonrisas. No hay peor despertar que estar sin ti. Volver a la realidad. Entender que te perdí no es estar perdido. Es estar loco. Porque te tuve. O tu me tuviste a mi. Qué más da la posesión, si al final perdí yo. Y ahora sólo me quedan noches de tempestad. Tengo que confesarte que he vuelto a todos los lugares donde nos escondíamos. Y han perdido su encanto. Tienen menos color. Como si hubieran entristecido. Quizá sólo es el reflejo de lo que ven al verme. O quizá sólo eran por ti. Como tantas otras cosas. De todo lo que me dijiste. Se te olvidó lo más importante: cómo olvidarte. Quizá era algo que no quería saber. Lo que nunca pensé vivir. El problema es que no sabes lo que provocas. Aún no has entendido que sacudiste tanto mi mundo que me he mudado a la luna para ver como se derrumba. Una de las tantas veces que me he enamorado de ti fue cuando te vi dormida en mis brazos. Incluso en ese preciso instante, estabas preciosa. Si dejarás de sonreir podría acercarme a ti sin miedo a mudarme a marte. Para contarte que hace frío antes de dormir. Que da pena levantarse. Y que esto, después de todo lo llovido, sigue siendo mensajes sin remitente.

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2 comentarios sobre “Abierto por reformas

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